La vida de un corista es bastante
hermosa, cada vez que se canta algo que llega al alma, el amor
brotando por las venas es irremediable, se cierran los ojos, se siente cada
cambio en la melodía con el cuerpo, se puede llegar a suspirar entre las
frases, se es feliz llegando a esa cúspide en medio de la obra o se
puede llegar a llorar de felicidad cuando sale esa jodida nota a la perfección,
todo puede ser una maravilla, a excepción de cuando se enferma por cualquier
circunstancia y esto llega a afectar la garganta, esta carga
insoportable es comparable con las dolencias de un bailarín cuando se lastima
un pie, o cuando la tendinitis ataca rápidamente las habilidosas manos de un
pianista, ¿Qué podría hacer un escritor sin sus manos y sin su musa?,
¿qué puede hacer un cantante cuando no tiene voz?
Con delicadeza zapateaba
el ritmo de aquella obra, era bastante estresante el tener que quedarse
sentada, escuchando como las demás cantaban tan alegremente, especialmente
cuando se trataba de esa canción que tanto le gustaba… hubiera sido mejor el
quedarse en su casa descansando, mas su justicia poética no le permitía
ser tan perezosa. En su escritorio tenía cierta cantidad de tarea
significativamente tediosa y no había estado durmiendo bien; pero el ir a
la coral a ensayar le liberaba de todas
las angustiosas cosas de su diario vivir.
Ya llevaba una semana sin soltar
una buena nota desde su esternón, si seguía así luego no sabría si estaba
cantando bien todas las modificaciones
sobre la dicción que estaban haciendo. Bostezó tapándose su boca, ella quería
ese solo… maldecía a los cambios climáticos de la ciudad por no poderlo tener…
más melindrosa no podía llegar a ser.
Su compañera fruncía el ceño cada
vez que llegaba a las notas altas, torciendo ligeramente su boca cuando algún
desperfecto salía verdaderamente mal. Era bastante curioso la manera en
la cual lo hacía, al final parecía que se moría incómodamente con cada nota que
cantaba.
“Tantum ergo Sacraméntum,
Venerémur cérnui”
Venerémur cérnui”
Si ella tuviera que describir al
ave fénix según su estilo de vida, estando allí sentada completamente molesta y
con ganas de morirse por estar en un rincón del salón rayando sus partituras,
sin duda alguna diría que es ese momento en el cual deja sus agobios para
renacer en el canto, al final, eso es lo que ella más ama y lo que le da sus
alas de la libertad.
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